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Impacto Mujer

La mujer y el desarrollo

Yulianna Ramón Por: Yulianna Ramón 0 Compartir 26 de septiembre, 2019

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Apostar a la mujer es, sin duda, una estrategia eficaz para impulsar el desarrollo económico de cualquier país.

Esta afirmación encuentra sustento en los resultados de estudios de instituciones como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Centro de Comercio Internacional (ITC). Las economías que integran a la mujer crecen más y más rápido. Los países que han incentivado la integración de la mujer en la economía, han potenciado el crecimiento de su producto interno bruto.

Dicho esto, el impacto social del empoderamiento económico de las mujeres se refleja no solo en el ámbito público. El sector privado también cosecha beneficios de la participación femenina. Las compañías que se inclinan por la diversidad son más productivas y generan ambientes más propicios a la creatividad e innovación. Asimismo, las investigaciones de diversos organismos internacionales coinciden en que la inclusión de mujeres en puestos de alta dirección y gerencia tiende, entre otras ventajas, a reducir las probabilidades de escándalos de fraude y corrupción corporativa.

Más aún, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) destaca que “las mujeres reinvierten el 90% de sus ingresos en sus familias y comunidades, mientras los hombres invierten entre el 30% y el 40%”. Además, la mujer registra un comportamiento financiero con menos morosidad y tasa de incumplimiento que su contraparte masculina, razón por la cual el segmento de microcréditos tiende a explotar un enfoque dirigido a la mujer. La razón es sencilla, la mujer prioriza la supervivencia familiar. Esta realidad nos permite inferir que invertir en nuestras niñas y mujeres es una inversión con mayor garantía de retorno.

Ser condescendientes con los avances obtenidos en términos de equidad e igualdad de acceso a oportunidades de integración económica para la mujer genera una perspectiva distorsionada. Son innegables los avances en la misma medida en que es innegable que falta camino por recorrer. En adición a los retos de capacitación y acceso a oportunidades, se mantienen frentes abiertos en cuanto a discriminación salarial y representatividad laboral y política.

Como resultado de una inferencia lógica, dada la correlación entre el aumento de la fuerza laboral y la capacidad productiva de la misma, es justo que empecemos por reconocer a la mujer como un activo económico.

La periodista española Cristina Galindo afirmó en 2009 que “el poder de las mujeres en la economía de un país, es el cambio social más grande que ha existido.” Garantizar la integración económica e, incluso, promover el liderazgo femenino, no es privilegiar un segmento, es favorecer a la colectividad en su conjunto.

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