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La Escuela Económica

Somos mejores ciudadanos, aunque parezca lo contrario

Esteban Delgado Por: Esteban Delgado 0 Compartir 30 de mayo, 2019

Las constantes publicaciones y denuncias sobre expresiones de abuso y maltrato de hombres hacia sus parejas o exparejas, de adultos contra niños, de rateros y delincuentes contra ciudadanos y hasta de explotación sexual y tráfico de drogas, hacen pensar que la sociedad está en un avanzado y creciente estado de deterioro.

Pero resulta que el conocimiento de esos actos es el fruto de la combinación de varios factores, entre los que está un mayor acceso a medios de comunicación alternos gracias a la tecnología que nos permite andar con teléfonos móviles con acceso a vídeo, fotos, internet y redes sociales. La información se multiplica con más facilidad.

A eso se agrega la ampliación del acceso de las víctimas a los estamentos legales correspondientes para reclamar justicia, aunque con las debilidades que todos conocemos. Y el tercer elemento es la conciencia ciudadana; el hecho de que cada vez somos más sensibles a los abusos y las injusticias.

Los de mayor edad recordarán conmigo lo siguiente: hace unas pocas décadas, incluso, menos tiempo, las personas veían a un hombre golpear a una mujer y nadie se metía ni intervenía ni lo denunciaba. La expresión común era: “eso es pleito de marido y mujer, por lo que nadie se meta”.

Pero si eso ocurre en la actualidad, no faltan quienes lo graban, lo denuncian, lo multiplican en las redes sociales y hasta intervienen para evitar que la agresión continúe.

En el pasado, cuando un adulto sometía a castigos severos a alguno de sus hijos, la reacción de los vecinos era de indiferencia, porque se trataba de un padre “educando a su hijo”. Ahora no, porque cuando eso sucede de inmediato el mundo se entera con la multiplicación de la información en forma de denuncia y de inmediato se produce la reacción sancionadora de las autoridades.

Los abusos y la violencia intrafamiliar todavía existen, en todas las clases sociales, pero ahora nos enteramos más no porque sean más frecuentes, sino porque existe una conciencia ciudadana más valiente, más sensible y más denunciadora, más inclinada hacia la justicia social que hacia la indiferencia.

No quiero decir con esto que nos conformemos y alegremos de que somos mejores personas, porque la verdad es que todavía falta mucho por hacer, porque aún un solo caso de violencia de un hombre hacia su pareja o expareja, de una madre o padre hacia su hijo, de un delincuente hacia otro ciudadano, de un acosador o violador, es suficiente para sentirnos inconformes y reclamar que nada de eso ocurra.

Pero la verdad, apreciados lectores, es que en el pasado el machismo y el abuso era mayor, sólo que no nos enterábamos con la facilidad que nos enteramos ahora y no lo denunciábamos con la valentía que lo denunciamos en la actualidad.

Hay otras expresiones de superación de nuestras mujeres que no necesariamente se vinculan a las acciones del Estado en sus distintos estamentos, sino a esfuerzos propios que de manera espontánea han dado como resultado el hecho de que hoy son más las hembras que los varones en los centros educativos, tanto de educación inicial como secundaria y universitaria.

Por eso actualmente nuestras universidades gradúan de profesionales a más mujeres que hombres y cada vez son más las mujeres ocupando posiciones de importancia en el mercado laboral.

Las estadísticas de la Tesorería de la Seguridad Social (TSS) indican que de los poco más de 2.2 millones de trabajadores formales que cotizan a la seguridad social, el 44.4% son mujeres y los hombres siguen siendo mayoría con el 55.6%.

Sin embargo, esa mayoría se debe a que todavía nuestro mercado laboral está formado en gran medida por labores que requieren de fuerza bruta y los obreros varones son más adecuados, pero en lo relativo a labores especializadas, mejor remunerada, las mujeres tienen más presencia.

Por eso, las mujeres superan a los hombres en el salario promedio, ya que están ocupando los puestos de mayor nivel académico y preparación que, por tanto, son mejor remunerados.

Las injusticias sociales todavía persisten, pero hoy son menos que antes, porque ahora somos mejores ciudadanos, por lo que hacia el futuro solo nos toca mejorar.

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