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La Escuela Económica

Continuidad del Estado para las obras positivas

Esteban Delgado Por: Esteban Delgado 0 Compartir 21 de marzo, 2019

Una de las principales debilidades del sistema gubernamental en República Dominicana es la falta de continuidad del Estado en las ejecutorias, proyectos y obras que se demuestra son importantes para el desarrollo socioeconómico del país.

Se ha hecho una costumbre que cuando asume un nuevo gobernante, ya sea de un partido distinto o de la misma organización, las obras importantes del presidente saliente no son continuadas con el mismo entusiasmo o, peor aún, son dejadas inconclusas.

Hay varios ejemplos, como el proyecto habitacional Invivienda Santo Domingo, el cual fue desarrollado por el expresidente Salvador Jorge Blanco, pero que el presidente Joaquín Balaguer, a su llegada en 1986, lo dejó abandonado y no le dio continuidad.

El presidente Balaguer también abandonó el proyecto de expansión en la generación eléctrica, que se había desarrollado en las gestiones de don Antonio Guzmán Fernández y de Jorge Blanco con la construcción de las centrales termoeléctrica de carbón mineral Itabo I y II.

Ese proyecto implicaba la construcción de dos plantas similares más, pero no se le dio continuidad y el resultado fue una agudización de la crisis eléctrica nacional que todavía estamos pagando.

Recuerdo que el presidente Leonel Fernández construyó el edificio de la Suprema Corte de Justicia en el período 1996-2000. Lo dejó prácticamente terminado, pero el presidente Hipólito Mejía se resistió a terminar lo poco que le faltaba durante su gestión del 2000 al 2004 y fue al retorno de Fernández en ese último año cuando se prestó nuevamente atención a esa obra para albergar a la Suprema y la Procuraduría General de la República.

Pensábamos que esta práctica sería cosa del pasado con la llegada del presidente Danilo Medina al poder, ya que su “slogan” de campaña era: “Corregir lo que está mal, continuar lo que está bien y hacer lo que nunca se hizo”.

El presidente Medina no ha sido tan fiel a los dos primeros enunciados de su “slogan” de campaña, ya que hay algunas fallas de su antecesor que siguen vigentes y ha habido resistencia a continuar algunas de las cosas que estaban bien.

Durante sus ocho años de gestión entre 2004 y 2008 el presidente Fernández emprendió una importante obra de infraestructura, la cual fue cargada de críticas, cuestionamientos y sobre la que, en efecto, se han detectado prácticas inadecuadas en términos administrativos para su construcción.

Aun así, hay que reconocer que esa obra tiene un extraordinario impacto socioeconómico, especialmente para los sectores más necesitados de la capital y parte de la provincia Santo Domingo. Nos referimos al Metro de Santo Domingo.

La importancia de esa obra se siente cada día, especialmente en las llamadas “horas pico”, cuando decenas de miles de ciudadanos abarrotan los trenes de las dos líneas existentes para ir a sus centros de trabajo y de estudios, así como para otras diligencias.

Esta semana el impacto del Metro se puso de manifiesto cuando una falla operativa retrasó el curso regular del tranvía y eso provocó una atomización de personas aglomeradas en procura de hacer uso de este servicio para poder llegar a sus destinos por medio de este importante transporte. Fernández dejó la primera línea del Metro completa y la segunda quedó a mitad.

A su llegada al poder, el presidente Medina no tenía en agenda dar continuidad a esa importante obra. De hecho, realizó las inversiones en la extensión de la segunda línea hacia Santo Domingo Este más por la presión del fallecido alcalde Juan de los Santos que por una voluntad real de continuidad del Estado.

En el caso del Metro, lo ideal sería que cada gobernante se proponga construir por lo menos una línea por período gubernamental, de manera que, en los próximos 12 años, el país cuente con por lo menos cinco líneas en funcionamiento en el Gran Santo Domingo.

Ese sería un buen ejemplo de continuidad del Estado y de “continuar lo que está bien”, pues si la obra es positiva, no importa de quien haya sido la idea, lo importante es que el país se beneficie de su existencia y extensión. La continuidad del Estado, en las áreas positivas, es sinónimo de desarrollo.

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