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Observatorio financiero

Tecnología e innovación financiera

Por: Teófilo E. Regús Comas 0 Compartir 13 de diciembre, 2018

Desde la apertura de la primera institución bancaria establecida en nuestro país en el año de 1869 hasta nuestros días, la actividad de intermediación financiera ha venido atravesando por etapas que van desde la forma más tradicional de servicio financiero hasta la banca por internet.

Esta evolución ha sido posible gracias a los aportes introducidos por la tecnología en el mercado de servicios financieros. En efecto, como resultado de la tecnología se ha efectuado una innovación financiera que nos ha permitido tener acceso a una gama extensa de productos y servicios financieros, permitiendo a los usuarios de estos servicios administrar de forma mas efectiva sus activos y realizar operaciones financieras a distancia con alto grado de seguridad.

La eficiencia en la prestación de servicio lograda a través de la innovación financiera, no solo permite medir su positivo impacto en este renglón, sino que también, esta ha demostrado ser una herramienta importante para colaborar con el esfuerzo de las autoridades en la promoción de la inclusión financiera; espacio en el cual la innovación tecnológica en la prestación de servicios financieros juega un papel de suma importancia al hacer posible la bancarización de un determinado tipo de cliente, que debido a su ubicación territorial y bajos ingresos ha mostrado una infundada resistencia en establecer una relación con los prestadores de estos servicios financieros.

Las bondades que la era digital y la tecnología han traído a la prestación del servicio financiero no han estado exenta de riesgos, ya que si bien esa apertura digital tiene sus virtudes, también ha importado sobre esta actividad una nueva categoría de riesgos, siendo los más comunes la clonación de tarjetas, la suplantación de identidad para compras a través de la internet, y el denominado “phishing”, que no es más que un esquema delincuencial a través del cual el usurpador se hace pasar por la entidad financiera con el objetivo de obtener información confidencial del cliente.

Estas prácticas fraudulentas, además de atentar contra el normal desenvolvimiento del servicio financiero, conllevan una serie de consecuencias negativas para las propias entidades y el sistema financiero mismo, concretizado en una afectación de la reputación de la entidad financiera afectada, y la lealtad de los clientes en las entidades y, lo que es peor, se crea una desconfianza en estas herramientas tecnológicas, mermando con ello el sano desempeño del sistema financiero.

Es por ello que resulta entendible el esfuerzo de las entidades financieras en fortalecer e incrementar sus plataformas tecnológicas, de cara a lograr una mayor eficientización y blindaje de sus productos y sistemas digitales y con ello preservar la buena imagen de la entidad, la propia relación con el cliente y la confianza en los productos y servicios que la tecnología aporta al sistema financiero.

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