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Disrupción

Entrenamiento para la atención plena

Melvin Peña J. Por: Melvin Peña J. 0 Compartir 23 de agosto, 2018

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“La liberación de la atención humana puede ser la lucha política y moral que defina nuestra época”. James William, tecnólogo y autor de “Stand out of our light: freedom and resistance in the attention economy”

Si la distracción es la condición preeminente de nuestra era, entonces la atención plena es la respuesta lógica a la fragmentación de la atención.

No en vano los ingenieros de Google, los mayores creadores de distracción del mundo, tienen cuatro oportunidades al año para sumergirse en un taller de atención plena, sí, la famosa mindfulness, como forma de poder lograr una mayor concentración.

Lo que buscan es entrar más frecuentemente a ese estado de flow conocido como “being in the zone”, equivalente a “el duende” de los cantaores flamencos o el éxtasis de los artistas durante esos raptos en que crean sus obras maestras.

La atención plena se puede entrenar como se entrena el bicep, según plantea la Neuroplástica, una joven disciplina que estudia cómo se puede moldear deliberadamente el cerebro a nuestra conveniencia.

Un estudio reciente citado por la revista Time concluyó que los monjes budistas que han meditado más de 10 mil horas acumuladas a lo largo de sus vidas han logrado no solo fortalecer “el músculo de la atención”, sino también generar más conexiones neuronales y mejorar su memoria.

Si bien la mayoría de nosotros no podemos o no queremos dedicarnos a esa vida contemplativa, “al delicioso arte de no hacer nada”, todos podemos entrenar el músculo de la atención con prácticas menos demandantes que la meditación e incluso fomentar hábitos de atención plena.

Puedes tomar un café con atención plena, por ejemplo, “estar presente” con todo los sentidos: sentir su temperatura caliente al tocar la taza; apreciar su color negrísimo o claro, según nos guste; reparar en la armonía del diseño de la taza; aspirar de forma consciente el característico olor de la infusión; ver el humo que se eleva frente a nuestros ojos; paladear su sabor en nuestra boca, lentamente, por unos segundos, antes de tragarlo definitivamente y sentir su calidez recorriendo nuestra garganta y el esófago hasta llegar al estómago. ¿Verdad que es rico? Se goza más cualquier experiencia, incluso las que no nos gustan, cuando nos concentramos en ella y no compartimos nuestra atención con la lectura del móvil y otras pantallas simultáneamente, como solemos hacerlo.

La atención plena es una fuente prolongada de felicidad, que hace posible que sigamos disfrutando por más tiempo la actividad que nos causa placer, incluso después de haberla concluido, según estudios recientes sobre la felicidad.

Sé de algunos casos de gente que incluso ha bajado de peso por el solo hecho de comer conscientemente, de masticar cada bocado hasta 20 veces, para asegurarse que lo hacen plenamente. Así, la sensación de saciedad llega más pronto y dura mucho más, o lo que es lo mismo, se come menos cantidad y menos veces.

De igual manera, hay estudios que relacionan la reducción de peso con la meditación, porque al habituarnos a “estar presentes” nos lleva a comer menos y menos veces.

Se puede comer plenamente, respirar plenamente, ir al colmado plenamente, leer el diario plenamente, tener sexo plenamente (eso es hacer el amor), llegando a una verdadera conexión física y espiritual con la pareja. Todo se puede hacer de forma plena y mejor a través de la atención plena. Y, por supuesto, eso incluye ser más creativo, eficiente y feliz en el trabajo.

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