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Christine Lagarde: La salud de la economía mundial depende de los flujos comerciales Cree que en el siglo XXI "la riqueza de las naciones podría basarse en el comercio de servicios"

Redacción elDinero Por: Redacción elDinero Washington 0 Compartir 15 de mayo, 2018

La salud de la economía mundial depende de los flujos comerciales saludables, aseguró Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), en un discurso en Portland, Oregón, oeste de Estados Unidos.

“En los últimos tiempos”, dijo, “el repunte del comercio ha contribuido a afianzar el crecimiento económico mundial. No obstante, un aumento del proteccionismo podría poner freno al dinamismo actual”.

“Durante la última generación, los puentes económicos tendidos entre países han contribuido a reducir a la mitad la proporción de la población mundial que vive en condiciones de pobreza extrema [1]. Han reducido el costo de la vida y han creado cientos de millones de nuevos puestos de trabajo mejor remunerados”, dijo.

Asimismo, consideró que, en el siglo XXI, “la riqueza de las naciones podría basarse en el comercio de servicios. Hoy en día, los proveedores de servicios de toda clase se benefician de un mundo cada vez más pequeño e interconectado”.

A continuación, el discurso, colgado en la web de la institución:

Crear un mejor sistema de comercio mundial
Por Christine Lagarde, directora gerente del FMI
WorldOregon, Portland
14 de mayo de 2018

Introducción: Una nueva era para el comercio

Quisiera dar las gracias a Derrick Olsen por tan amable presentación, y a WorldOregon por organizar este magnífico evento.

Agradezco la oportunidad que se me brinda para hablar del futuro del comercio, especialmente aquí en Portland, que me parece que es el lugar apropiado.

¿Por qué? Pues porque el comercio mundial tiene mucho en común con los célebres puentes que cruzan el río Willamette. Los hay viejos y los hay nuevos. Algunos están en buen estado, otros presentan síntomas de fatiga. Unos no son nada del otro mundo, otros son muy hermosos.

A pesar de las diferencias, todos estos puentes cumplen su función: conectan comunidades y negocios, y fomentan el flujo de productos, capital e ideas. Esta es, en muchos sentidos, la historia del comercio mundial.

Durante la última generación, los puentes económicos tendidos entre países han contribuido a reducir a la mitad la proporción de la población mundial que vive en condiciones de pobreza extrema [1]. Han reducido el costo de la vida y han creado cientos de millones de nuevos puestos de trabajo mejor remunerados.

Tan solo en Estados Unidos, uno de cada cinco empleos hoy en día está respaldado por el comercio internacional de bienes y servicios [2].

En este sentido, el comercio es algo muy hermoso, pero plantea una serie de retos. Sabemos que el comercio no ha sido beneficioso para todo el mundo, y que ciertos aspectos del sistema de comercio multilateral están dando señales de fatiga. De hecho, las actuales tensiones comerciales son un síntoma de estos retos subyacentes.

Resolver estas cuestiones es uno de los principales desafíos de nuestro tiempo.

Es mucho lo que está en juego, también aquí en Oregón, donde uno de cada cinco puestos de trabajo depende del comercio [3]. Es el caso de grandes empresas como Intel y Nike. O de miles de pequeñas empresas que prosperan en los mercados mundiales gracias al comercio electrónico y otras formas de comercio digital.

Es mucho lo que está en juego porque la salud de la economía mundial depende de los flujos comerciales saludables. En los últimos tiempos, el repunte del comercio ha contribuido a afianzar el crecimiento económico mundial. No obstante, un aumento del proteccionismo podría poner freno al dinamismo actual.

En el FMI somos plenamente conscientes de lo que puede ocurrir si se interrumpe el comercio o si se estropean los puentes económicos.

Hace más de 70 años, el FMI se fundó precisamente para evitar el regreso a las políticas contraproducentes de la Gran Depresión, entre ellas el proteccionismo.

Una parte fundamental de nuestro mandato consiste en “facilitar la expansión y el crecimiento equilibrado del comercio internacional”.

Por esta razón, estamos entregados a la tarea de promover la cooperación y el diálogo a escala internacional en torno a esta misma cuestión.

La nueva era

Ahora bien, lo que queda suele quedar fuera de los actuales debates es el hecho de que estamos entrando en una nueva era para el comercio, un mundo en el que los flujos de datos están cobrando más importancia que el comercio físico.

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Piénsenlo: entre 1986 y 2008, el comercio mundial de bienes y servicios creció a un ritmo más de dos veces superior al de la economía mundial. Sin embargo, en los últimos años, el crecimiento de este tipo de comercio más tradicional a duras penas ha superado el crecimiento del PIB mundial.

Al mismo tiempo, se ha registrado un auge de los flujos digitales. Según Cisco, el ancho de banda transfronterizo utilizado se multiplicó por 90 entre 2005 y 2016, y se espera que de aquí a 2023 la cifra vuelva a multiplicarse por 13.

No me refiero únicamente al video en directo, o streaming, las llamadas por Skype y las publicaciones en las redes sociales.

Me refiero además al impulso que los datos dan a otros flujos, sobre todo al facilitar la comercialización de servicios que van desde la ingeniería hasta las comunicaciones y el transporte.

Y también me refiero a las mejoras de eficiencia. McKinsey estima que las empresas podrían reducir en un tercio sus pérdidas por bienes en tránsito usando sensores de seguimiento en los envíos.

En muchos sentidos, el futuro del comercio es el futuro de los datos.

Las autoridades tienen la enorme oportunidad de tender nuevos puentes económicos, para crear un mejor sistema de comercio mundial.

Teniendo esto presente, me gustaría centrarme en dos cuestiones:

¿Cuáles son los pilares básicos de un mejor comercio?
Y, ¿cómo podemos adaptar y mejorar el sistema de comercio multilateral?
1. Pilares básicos de un mejor comercio

Comencemos por los pilares básicos de un mejor comercio.

a) Aumento del comercio de servicios

Uno de los pilares es la expansión del comercio mundial de servicios.

Afortunadamente, el comercio de servicios viene creciendo a un ritmo relativamente rápido, y en la actualidad representa una quinta parte de las exportaciones mundiales. Y según ciertas estimaciones, la mitad del comercio mundial de servicios ya se basa en tecnologías digitales.

Dicho esto, cabe señalar que este es un ámbito en el que las barreras comerciales aún son extremadamente elevadas, ya que equivalen a aranceles de entre 30% y 50% [4] .

Nosotros creemos que, si se reducen dichas barreras y se incrementa la digitalización, los servicios podrían pasar a ser el motor principal del comercio mundial. ¿Quiénes serían los principales beneficiados?

Desde luego, Estados Unidos y otras economías avanzadas, porque son competitivos a escala mundial en muchos sectores de servicios, en especial financieros, jurídicos y de consultoría.

Pero también economías en desarrollo como Colombia, Filipinas y Ghana, que están fomentando el crecimiento en servicios comercializables, como comunicaciones y servicios a las empresas.
Ante todo, el comercio de servicios puede a liberar todo el potencial de las “mini-multinacionales”.

Es decir, los millones de pequeñas empresas que intentan expandirse dentro del mercado mundial. Y las personas que utilizan herramientas digitales para aprovechar al máximo sus aptitudes y oportunidades.

Sería el caso, por ejemplo, de un médico que ejerce en Portland pero que hace un seguimiento a distancia de un paciente que reside en Ciudad de Panamá. O de un profesor de piano de Moscú que da clases por Skype a alumnos en Montreal.

Adam Smith, que cuestionó el valor económico de los “abogados, médicos, músicos y hombres de toda clase de letras”, se llevaría una buena sorpresa [5].

Hoy en día, los proveedores de servicios de toda clase se benefician de un mundo cada vez más pequeño e interconectado.

De hecho, creo que, en el siglo XXI, la riqueza de las naciones podría basarse en el comercio de servicios.

b) Incremento de la productividad

Este potencial de crecimiento pone de manifiesto la importancia de incrementar la productividad, otro de los pilares básicos de un comercio mejor.

Sabemos que, al mejorar la capacidad de comercialización de los servicios, la digitalización es capaz de dar impulso a la productividad y los niveles de vida.

Sabemos también que la tecnología digital puede elevar la productividad en las manufacturas.

Por ejemplo, con el aumento de la automatización a las empresas les resulta más fácil repatriar algunas de sus operaciones, lo cual en la práctica revierte en parte el proceso de “tercerización” y “externalización” de los últimos dos decenios.

Por otro lado, la impresión en 3D podría inducir a las empresas a trasladar la producción más cerca de sus clientes, para que estos puedan sacar provecho de una rápida personalización y creación de prototipos.

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Estos cambios podrían acortar las cadenas de suministro, aumentar su productividad y, lo más importante, reducir las emisiones de carbono.

Además, podrían ayudar a rejuvenecer las industrias manufactureras en muchas economías avanzadas, cumpliendo la promesa de un mayor número de fábricas en territorio nacional y puestos de trabajo mejor pagados.

Pero la historia no termina ahí.

La digitalización también intensificará la competencia en el comercio mundial, obligando a las empresas a invertir más en nuevas tecnologías y prácticas empresariales más eficientes.

Nuevos análisis del FMI [6] muestran que un aumento de la competencia acelera la difusión de tecnología de un país a otro, e incluso el ritmo de innovación. Esto a su vez ayuda a bajar los precios para empresas y consumidores.

Uno de mis ejemplos favoritos es la edición de 1971 del catálogo de Sears-Roebuck. Un analista se dedicó sencillamente a comparar los productos que se presentan en sus páginas con artículos comparables de hoy.

Su conclusión fue que, tras ajustar por la inflación, los productos son bastante más baratos en la actualidad; por ejemplo, un aparato de aire acondicionado resulta un 80% más barato hoy que en 1971.

Logros como este demuestran las enormes ventajas de tender puentes económicos. Pero aun así, demasiadas personas siguen viviendo a la sombra de estos puentes .

C) Mayor inclusión

Por este motivo, para un comercio mejor se requiere un tercer pilar: una mayor inclusión.

Fijémonos en el sector manufacturero de Estados Unidos. Su participación en el PIB, ajustado por la inflación, se ha mantenido bastante constante desde la década de 1940.

Pero la proporción del empleo en este sector se ha reducido considerablemente, en gran medida debido a los cambios tecnológicos y, en menor medida, a causa de la competencia externa, incluida la de China.

Desde luego, es probable que la revolución digital plantee sus propios retos —y ejerza todavía más presión sobre los trabajadores menos preparados para competir— tanto en las economías avanzadas como en las emergentes o en desarrollo.

Así pues, ¿qué pueden hacer los gobiernos?

Pueden brindar un mejor apoyo a los más afectados por la tecnología y el comercio.

Muchos países ofrecen ya algún tipo de seguro de empleo, que podría combinarse con otras herramientas.

Estados Unidos, por ejemplo, dispone de margen suficiente para prestar ayudas temporales al ingreso mientras los trabajadores mejoran sus capacidades. También hay margen para incrementar la movilidad con ayudas al traslado y la posibilidad de transferir las pensiones.

Por otra parte, la mayoría de los países pueden tomar más medidas para ampliar y mejorar sus programas de capacitación de trabajadores. Por ejemplo, algunas iniciativas puestas en práctica en Canadá y Suecia muestran que la capacitación práctica en el trabajo resulta más eficaz que el aprendizaje en las aulas.

Estas sólidas políticas del mercado de trabajo son importantes, pero no bastan.

Todos los países deben reinventar sus sistemas educativos para la era digital. No se trata de añadir unas cuantas clases más de codificación

Se trata más bien de fomentar el pensamiento crítico, la autonomía para resolver problemas y el aprendizaje permanente, es decir, herramientas que pueden ayudar a la gente a adaptarse al cambio. Se trata de invertir en capital humano.

¿Cómo puede ayudar el FMI?

A escala mundial, analizamos los tipos de cambio y vigilamos los desequilibrios económicos mundiales.

A nivel de los países, trabajamos con todos nuestros 189 países miembros con respecto a políticas que ayuden a eliminar las barreras al comercio y la inversión, fomentando economías más abiertas en las que el sector privado pueda crecer y crear empleo.

Todos los días no esforzamos por ayudar a nuestros miembros a prepararse para la nueva era comercial. Y estamos convencidos de que, para que sea mejor, el comercio debe ser más productivo, debe basarse más en los servicios y debe ser más inclusivo, de tal manera que todos puedan beneficiarse.

Para lograr todo esto, el comercio también debe ser más cooperativo a nivel internacional y más multilateral. Es así como en definitiva podremos construir mejores puentes económicos.

2. Adaptar el sistema de comercio multilateral

En los últimos 70 años, los países han trabajado conjuntamente para crear algo realmente excepcional: un sistema de normas y responsabilidades compartidas que ha transformado el mundo.

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En las tres últimas décadas, sin ir más lejos, este sistema multilateral ha sido decisivo para sacar de la pobreza a millones de personas, impulsando a la vez el ingreso y la calidad de vida en todos los países.

Hoy en día, los gobiernos tienen la oportunidad de ampliar los avances logrados hasta la fecha y adaptar el sistema a la nueva era del comercio.

Es decir, a la hora de reparar los puentes económicos, tenemos que respetar los principios básicos de la ingeniería.

Esto implica evitar el proteccionismo, porque las restricciones a la importación son perjudiciales para todos, pero aún más para los consumidores más pobres.

Significa también eliminar las prácticas comerciales desleales, y establecer condiciones igualitarias. Significa respetar las normas de comercio; las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) ratificadas por todos 164 países miembros de esa entidad.

Y significa también estar abiertos a ideas nuevas. ¿A qué me refiero con eso?

En los últimos años, la OMC ha adoptado acuerdos nuevos o ampliados, por ejemplo, sobre contratación pública, tecnología de la información y facilitación del comercio.

Pero muchos gobiernos afrontan graves problemas dentro de ámbitos que no están perfectamente contemplados en las normas de la OMC, como diversos subsidios estatales, restricciones sobre los flujos de datos y la protección de la propiedad intelectual.

Para abordar estas cuestiones podríamos recurrir a los acuerdos comerciales “plurilaterales”, es decir, acuerdos entre países de filosofía similar que se comprometen a trabajar dentro del marco de la OMC.

También hay margen para negociar nuevos acuerdos dentro del marco de la OMC sobre comercio electrónico y servicios digitales.

En este sentido, la nueva versión integral y progresista del Acuerdo de Asociación Transpacífico, o TPP-11, como suele denominarse, es alentador. Por primera vez en un acuerdo comercial más amplio, los países del TPP-11 garantizarán el libre flujo de datos entre países a proveedores de servicios e inversionistas.

Del mismo modo, el diseño de los nuevos acuerdos comerciales del siglo XXI debería facilitar los flujos de datos y a la vez proteger la privacidad de los datos, fomentar la ciberseguridad y garantizar el acceso de los reguladores financieros a los datos según sea necesario, sin reprimir la innovación.

Los nuevos acuerdos también deben tener en cuenta las inquietudes laborales y las relativas al medio ambiente

Dichos retos solo pueden abordarse en un marco multilateral en el que las normas se respeten, en el que los países trabajen mancomunadamente, en el que todos se comprometan a obrar con equidad, en el que los países pueden rendir cuentas mutuamente, y en el que las controversias puedan plantearse y resolverse de forma eficiente.

Conclusión

En este sentido, terminaré con unas palabras que el filósofo francés Montesquieu pronunció hace más de 200 años:

“El comercio es el mejor remedio para los prejuicios destructivos. Es casi un principio general que, allí donde hay buena ciudadanía, hay comercio, y allí donde hay comercio, hay buena ciudadanía… La consecuencia natural del comercio es la paz” [7].

Estas palabras siguen teniendo vigencia en la actualidad. La construcción de nuevos puentes económicos, el diseño de una nueva era para el comercio y la eliminación de barreras nos permitirán fomentar comunidades más prósperas y pacíficas, tanto aquí en Portland como en el resto del mundo.

Gracias.

[1] Período 1990-2010. Cifras del Banco Mundial: Indicadores del desarrollo mundial.

[2] Exportaciones + importaciones. Estimaciones de Business Roundtable.

[3] Estimaciones de Business Roundtable.

[4] Fontagné et al., “ Estimations of Tariff Equivalents for the Services Sectors ”, Documento , Centre d’Études Prospectives et d’Informations Internationales (CEPII), diciembre de 2011.

[5] Adam Smith: La riqueza de las naciones, libro II, capítulo 3 .

[6] Edición de abril de 2018 de Perspectivas de la economía mundial, capítulo 4

[7] « Le commerce guérit les préjugés destructeurs ; et c’est presque une règle générale que partout où il y a des mœurs douces il y a du commerce ; et partout où il y a du commerce il y a des mœurs douces… L’effet naturel du commerce est de porter à la paix.»

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