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Libertad de movilidad, tronchada por el caos y la indisciplina

Osiris Mota Por: Osiris Mota 0 Compartir 7 de diciembre, 2017

Al igual que los romanos, los norteamericanos, cuando invadieron la Patria en el 1916, entendieron la importancia que tenían las vías de comunicación. Por eso abrieron la carretera Duarte que comenzaron en 1917 y terminaron cinco años después. La carretera Duarte unió a Santo Domingo con Santiago de los Caballeros, y sirvió como vía del desarrollo social de la región, pero también la forma más idónea y rápida de las tropas llegar a los lugares de conflictos. Hoy el problema no es la guerra, sino trasladarnos a las industrias, a las escuelas, a los lugares de trabajos o diversión; lo que el Estado debe garantizar a todos los ciudadanos: la libertad de tránsito y movilidad.

Hoy nuestro problema no es contar con leyes, porque ahora tenemos una nueva legislación (63-17), pero antes teníamos otras, buenas para los objetivos propuestos. El gran problema es que hacemos leyes para engavetarlas, creernos que estamos haciendo lo correcto, y pregonar nuestras grandes obras haciendo leyes para crear burocracia populista, que solo sirven para hacer demagogia mediática contando historia, y nos ha faltado voluntad política para implementarlas. Actualmente tenemos un proyecto de ley que viene arrastrándose desde hace más de diez años en el Congreso, la Ley de Partidos Políticos.

A pesar de que ya tiene varios meses de promulgada la nueva Ley de Tránsito, la libertad de movilidad no se cumple ni con la vieja ley ni con la nueva.

No requerimos de una ley para ir tomando medidas sobre las situaciones fuera de todas normas y principios, de violaciones que rompen con el bien común. Porque no se precisa de una ley para impedir el congestionamiento de las vías, por todos los obstáculos y los parqueos improvisados en medio de las vías, en las aceras, parques, áreas verdes, haciendo de la movilidad una pérdida valiosa de tiempo y oportunidades. Acciones que no requieren ni de ley, ni de fuerza pública de coerción, ni tanque de guerra… solo voluntad de corregir lo que está mal y hacer lo correcto. No necesitamos grandes sumas de dinero, solo voluntad, coraje y disposición.

Con solo hojear la Ley de Tránsito, veremos que podemos iniciar muchas cosas. Acciones sobre situaciones que ya se han estudiado hasta hartarnos. Medidas de sentido común que ayudarían a la movilidad sin necesidad de incurrir en acciones coercitivas ni económicas, por lo que ha faltado coraje, porque estamos llenos de miedo de los fantasmas del populismo de la ingobernabilidad, y de no se sabe qué otros demonios.

Muy bien el Intrant puede ir tomando acciones como:
1. Sacar los vehículos de las aceras, de los parques y las áreas verdes.
2. Sacar todas las chatarras de las vías públicas y con el Ayuntamiento, los talleres y los dealer, y tarantines.
3. Regularizando el tránsito con vías de diferentes sentidos (una vía) convirtiendo vías estrechas en un solo sentido.
4. En avenidas más concurridas, prohibir parqueos, o establecerlos en un solo sentido, de un solo lado.
5. Y muchas otras cosas que con disposición se pueden hacer.

El Estado no está obligado a garantizar parqueos para que todo el mundo tenga un vehículo si no tiene las condiciones, pero sí está obligado a garantizar el tránsito, la movilidad. Facilitarle la vida al transeúnte, ofrecer condiciones para que el que no puede tener un vehículo o no quiere, pueda transportarse con seguridad y oportunidad a sus destinos. Pero también requerimos de los agentes responsables de poner el orden y aplicar la ley, conocerla y saber cómo actuar ante los violadores para no cometer errores y torpezas.

Una nota al terminar, es la de que todos los dominicanos cuando viajamos a Estados Unidos y Europa, sabemos y no lo hacemos, que tirar basura a la calle puede costarnos muy caro, como irnos con el semáforo en rojo, o transitar en vía contraria, robarle el derecho a otro conductor. Somos muy obedientes, pero eso no es por los buenos ciudadanos que somos, es porque sabemos que nos van a multar y no podremos sobornar al policía y menos a los oficiales actuantes. Comencemos por ahí. Multemos todas las malas acciones de los conductores. Hagamos pagar a los ciudadanos por quitarnos la tranquilidad y usemos los recursos para el bien común.

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