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Visión Empresarial

El negocio de la educación

Franklin Vásquez Por: Franklin Vásquez 0 Compartir 17 de agosto, 2015

Se inicia un nuevo año escolar, y con éste reaparece el debate sobre si la inversión que se realiza en el sistema educativo y los resultados en términos del aprendizaje de los alumnos son los deseados.

Otro debate recurrente cada año en torno a la educación es si las tarifas que cobran los colegios privados, y que aumentan anualmente, debería ser regulada y autorizada por las autoridades, quedando siempre dicho debate en el limbo una vez han iniciado formalmente las clases.

Un debate adicional que cobra fuerza en el mundo mediático es si la educación, como resultado del incremento en la asignación presupuestaria, se ha convertido en un negocio, quedando la preocupación por los indicadores de desempeño del sistema en un segundo plano.

Desde que se introdujo el desayuno escolar como un instrumento para inducir el interés de los padres por enviar sus hijos a la escuela, entró en el escenario la problemática con los panaderos suplidores de este desayuno.

Así, el centro de la discusión no era si se había incrementado la cantidad de estudiantes que estaban asistiendo a la escuela como consecuencia de esta medida, sino que era alrededor de la deuda que se acumulaba con los suplidores de pan, jugo, leche y bizcochito.

Se llegó a especular sobre si la intoxicación de algunos niños era producto de esa lucha de intereses.

La entrada en escena de la tanda extendida, unido a la construcción, remodelación y reparación de aulas y escuelas, indujo la aparición, por un lado, de un mercado de servicios que alentó la creación de micro y pequeñas empresas suplidoras de almuerzos y, por otro lado, el surgimiento de un mercado de oferentes de servicios en el área de la infraestructura escolar, que por momentos generó la confusión de si el interés estaba en los alumnos o en los procesos de licitación para la contratación de estos suplidores.

A esto hay que añadirle el mercado inmobiliario –estafas incluidas- que ha surgido en el contexto de la construcción de escuelas y aulas.

También, no se debe olvidar el gran negocio que representa la impresión anual de una gran cantidad de libros, así como la producción de butacas, pizarras, equipos de laboratorios y materiales necesarios para el proceso de enseñanza y aprendizaje.

Lo anterior no fuera problema, si los indicadores de desempeño del sistema educativo dominicano mejorarán de manera significativa, y no continuáramos apareciendo en los últimos lugares de los rankings educativos a nivel mundial. Hay que hacer que valga la pena tanto negocio alrededor de la educación dominicana.

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