Finalmente podemos despedirnos de un trágico 2020 y comenzar el 2021 con esperanza y optimismo, pero sin crearnos falsas expectativas.
El impacto de la pandemia y de los confinamientos ha sido aún más duro en las personas mayores y en el sector de servicios. Sobre todo en las actividades que requieren la presencia física de personas, como los teatros, restaurantes, hoteles, y viajes. Por consiguiente, la recuperación será más lenta para las economías con poblaciones de edad avanzada y los países más dependientes del sector servicios en lugar de la industria manufacturera. En algunas de esas economías habrá un daño permanente -o “cicatrices”- que implicará que algunos de esos empleos o aptitudes requeridos antes de la pandemia no encontrarán una demanda inmediata después de la crisis sanitaria.
Las políticas monetarias y fiscales expansivas implementadas a nivel internacional seguirán amortiguando las pérdidas generadas por la pandemia. Según el FMI, las medidas para aliviar los efectos nocivos de la crisis sanitaria totalizan más de US$15 trillones. La deuda pública se ha disparado a niveles sin precedentes. Por lo que en lo adelante, los gobiernos tendrán que gastar de forma inteligente y prudente, de manera de sacarle el máximo provecho a estos recursos.
De momento se han autorizado tres vacunas y hay muchas otras en fase de desarrollo. Es importante resaltar que la distribución y administración de las vacunas supone un reto logístico histórico. Lamentablemente, no todos los países recibirán las vacunas de forma equitativa, por lo que es de esperarse que la recuperación de países industrializados será más rápida. Es probable que comencemos a ver un cierto grado de mejoría a partir del segundo trimestre de 2021.











