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Covid-19 y teletrabajo

Julio Santana Por: Julio Santana 0 Compartir 7 de abril, 2020

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Aunque en muchos países es práctica relativamente vieja (Inglaterra y otros países europeos), el repentino surgimiento y rápida propagación del SARS-CoV-2 ha puesto de moda el teletrabajo de manera casi global. Su base de expansión es el auge del Internet y el surgimiento y perfeccionamiento de las nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC). Ellas han permitido el surgimiento de una gran cantidad de profesiones cuya obligaciones se despachan desde oficinas privadas, residencias familiares y hasta instalaciones remotas de descanso en las montañas.

En realidad, el teletrabajo demuestra fehacientemente, de una manera ya masiva, que muchos profesionales pueden cumplir eficientemente sus compromisos sin ocupar un espacio en un edificio, un escritorio y un computador con sus accesorios, así como requerir servicios de ventilación, agua, iluminación y una andanada de materiales de oficina. Obviamente, todo esto cuesta mucho dinero, especialmente cuando se trata de grandes y medianas empresas, ministerios y direcciones generales del Gobierno e instituciones sin fines de lucro de connotación global.

Esta modalidad de trabajar tiene una ventaja adicional, a saber: conseguir una mejor conciliación laboral y personal, además de la posibilidad de tener varias ocupaciones no conflictivas y, en consecuencia, mayores ingresos. Hoy, por razones indeseables, estamos trabajando a distancia, sin cumplir un horario estricto, ni mostrar nuestras huellas digitales en un dispositivo electrónico que registra y reporta nuestras tardanzas o ausencias a la unidad de recursos humanos. Al margen de la pandemia que sufrimos, esta masiva realidad de nuestros días se la debemos en primera instancia al boom de Internet y a las TIC.

Hemos entendido que casi todas las profesiones libres y otras no tan libres, pueden perfectamente ejecutar sus tareas primordiales sin necesidad de hacer acto de presencia en grandes espacios iluminados como estrellas y equipados hasta con lo innecesario.

A los community manager -persona encargada de gestionar las redes sociales de un negocio-, SEO, social media manager, redactores online, asistentes virtuales, editoriales online, estadísticos online, etc., se le suman economistas, informáticos, financistas, directores administrativos, consultores, asesores, ingenieros y hasta médicos (más de una vez he tenido una video consulta médica con la ayuda del WhatsApp, aunque solo ocurre con médicos de mucha confianza porque, por ahora, no cobran por ello). ¿Y las tiendas on line? ¿Cuántos no instruyen a sus empleados por Skype o con ayuda de otras plataformas tecnológicamente muy amistosas?

Todas estas actividades se desarrollan con la mayor eficacia por fantasmas reales que tienen un dispositivo electrónico o una laptop en las manos. Las ventajas son muchas. Organizamos nuestros horarios del mejor modo posible y le sacamos el máximo provecho. El tiempo que dedicamos a la familia y a los hijos se incrementa considerablemente y podemos equilibrarlo convenientemente. Los gastos en combustibles se reducen quizás en un 70% y la vida útil de los vehículos se extiende. Las emisiones se reducen. Ya no nos exponemos al terrible estrés que emana burbujeante del caótico tránsito vehicular. Los costes de las empresas se minimizan de manera impresionante. La productividad media se incrementa cuando se trata de individuos organizados y disciplinados.

Claro, como toda buena opción tiene también sus desventajas. La sensación de aislamiento y falta de calor humano puede abrumarnos. El ambiente laboral, que enriquece a todos, desaparece. Puede surgir la percepción creciente de desvinculación emocional, lo cual cuenta mucho para el éxito empresarial o de las instituciones. Los valores deben revolucionarse, el aprendizaje puede resultar más lento. Finalmente, los empleados pueden llegar a creer que son alondras absolutamente libres, afectando la productividad y la disciplina.

Con todas sus ventajas, que son muchas, y todas sus desventajas, que parecen complejas, yo prefiero a mi edad el teletrabajo. Todo es asunto de autodisciplina, organización y creativa valoración y distribución del tiempo.

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