Periódico elDinero

Impacto Mujer

Detenerse o seguir

Yulianna Ramón Por: Yulianna Ramón 0 Compartir 12 de marzo, 2020

Llegaba un poco tarde con mi hijo a la escuela y nos apurábamos por llegar a formarnos en la fila correspondiente para la asamblea que se celebraba ese día. Tuvimos suerte y logramos alcanzar a los demás justo antes de que iniciaran con la ceremonia de turno. Nos despedimos con el beso habitual y les di la espalda para irme, sintiéndome aliviada con el sentido del compromiso cumplido.

En mi caminata hacia la salida, presencié una escena que me llevó a reflexión. Tres niños corrían hacia sus filas, en el mismo intento que habíamos protagonizado mi hijo y yo hacía unos instantes, con la única diferencia de que a ellos nos les había salvado la campana y ya estaban tarde. Eran dos niños y una niña. Los tres en su inocencia infantil corrían alegres y sin remordimientos, con la esperanza de reunirse con sus compañeros.

Al notar esta corrida, una maestra les miró con autoridad, invitándoles a detenerse. Los tres se percataron de la señal emitida por la profesora. No obstante, los niños continuaron corriendo, mientras la niña se paralizó al instante. Ellos llegaron a sus respectivas filas y, pese a una mirada con aspecto de sermón de la maestra, se les permitió unirse a sus compañeros. La niña, sin embargo, permaneció inmóvil, a medio camino. Sus tristes ojos oscuros y el movimiento nervioso de los dedos de sus manos, entrelazándose entre sí, delataban su sentimiento de vergüenza. Ahí permaneció hasta que se concluyó el primer himno. Cabizbaja, finalmente se unió a su grupo, mostrando su arrepentimiento por la falta de haber llegado tarde.

No fue sino hasta verla unirse a su clase que pude retomar mi camino. Cabizbaja yo también porque, lejos de poder levantar una crítica a este escenario particular, simplemente me identifiqué con esa niña. En toda sinceridad, no creo que quepan reproches a los demás actores. Sin dudas, en su lugar, también me hubiese detenido a esperar que alguien me autorizara a continuar.

Y con ese reconocimiento, me inundaron las preguntas: ¿Replicaremos como mujer esta actitud sumisa en otros aspectos de la vida? ¿Cuántas veces nos habremos detenido cuando hubiésemos podido avanzar un poco más?¿Cómo habrán impactado esas decisiones en nuestro crecimiento, tanto a nivel personal como profesional?

Cuesta resignarse ante la imposibilidad de lograr una respuesta unánime. Tampoco es que sea esta una revelación que justifique una revictimización. Si fuese esta una conducta femenina generalizada, no es más que evidencia palpable adicional de los condicionamientos sociales contra los cuales aún nos queda luchar y si en algo podremos coincidir, es que el gran reto a futuro será lograr desmitificar nuestros estereotipos para que tanto hombres como mujeres sepamos bien, cuando detenernos y cuando seguir.

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