En la búsqueda de un cisne negro

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En la búsqueda de un cisne negro

Redacción elDinero Por: Redacción elDinero Santo Domingo 0 Compartir 17 de octubre, 2016
cisne negro barna

Se supuso durante mucho tiempo que los cisnes son inevitablemente blancos; por lo tanto, un cisne negro fue una metáfora para algo que no podía existir. Entonces se descubrieron los cisnes negros en Australia y el cisne negro vino a representar una ocurrencia de lo inesperado.

La importancia de la historia no radica aquí, sino en la limitación de nuestros modelos de aprendizaje, que parten de la observación que lleva a la inferencia, o a la experiencia que lleva a deducir, y a la fragilidad de nuestro conocimiento.

Según esta teoría, el mundo está dominado por el impacto de eventos raros, imprevistos, azarosos, altamente improbables y, sin embargo, con un grado de influencia inmensa para el desenvolvimiento de la humanidad; la vida es el efecto acumulativo de un puñado de shocks, de eventos inesperados, de la importancia de las bajas probabilidades de las cosas que se desarrollan sin que las podamos predecir con facilidad.

Nassim Taleb llama un Cisne Negro a un evento que tiene las tres características siguientes:

Impacto desproporcionadamente elevado, es decir, su ocurrencia implica consecuencias importantes para nuestras vidas
Tiene una baja probabilidad de ocurrencia, es una rareza que está por fuera de las expectativas típicas, debido a que no hay evidencia de un evento o dato pasado que prediga su probabilidad de que ocurra.

Racionalizado en restrospectiva: No se puede predecir antes de que suceda, pero sí podemos encontrar su racionalidad una vez ocurre.

Taleb cuestiona el modelo de inducción asociándolo al problema del pavo. Cada vez que le dan de comer el pavo confirma su creencia de que la regla general es que a uno lo alimente un miembro del género humano que “vela por sus intereses”; pero la tarde del miércoles anterior al día de Acción de Gracias al pavo le ocurrirá algo inesperado. El animal aprendió de la observación (método científico), su confianza aumentaba a medida que se repetían las acciones alimentarias; el sentimiento de seguridad alcanzó el punto máximo cuando el riesgo era mayor.

Lo que se ha aprendido del pasado puede resultar irrelevante, falso o engañoso. El problema del Cisne Negro en su forma histórica es la dificultad fundamental de generalizar a partir de la información disponible, o de aprender del pasado, o de lo visto (dimensión finita), para abordar lo desconocido (dimensión infinita).

Estar preparado ante la aparición de los cisnes negros es más importante que dedicarle tiempo y esfuerzo a calcular la probabilidad de su ocurrencia. Hay que estar preparado para lo inesperado (que a diferencia de los pavos, sí podemos imaginar), pero sin preocuparnos de cuándo ocurrirá.

Para adquirir un modelo menos erróneo, debemos intentar eliminar la arrogancia epistémica: somos arrogantes en lo que creemos que sabemos. La arrogancia puede llevarnos a presumir de la información que disponemos, sin caer en cuenta que la información puede ser un impedimento para el conocimiento.

Por otro lado, deberíamos tener ecuanimidad con el Cisne Negro y específicamente saber que uno tiene más control de su vida si decide por sí mismo y según su criterio. Es muy difícil perder en un juego que uno mismo haya planteado. Taleb concluye que la madre naturaleza nos ha dado algunos mecanismos de defensa, como en la fábula de Esopo, uno de ellos es nuestra capacidad de considerar que las uvas que no alcanzamos o que no conseguimos alcanzar, están verdes.