La localización geográfica de República Dominicana juega a su favor y en su contra. Por un lado le ofrece clima y belleza natural apetecidas por los turistas, pero por el otro le somete a las vulnerabilidades climáticas del trópico, entre ellas las tormentas y los huracanes.
Estas condiciones tienen inevitables efectos económicos, como las pérdidas de las cosechas por condiciones atmosféricas adversas, lesionando uno de los principales pilares históricos de la generación de riqueza nacional.
Con el fin de prevenir esos daños, el país cuenta con la Aseguradora Agropecuaria Dominicana (Agrodosa), de capital fundamentalmente estatal y responde a los afectados mediante el estudio y corroboración de los daños, lo cual puede crear conflictos entre las partes, además de costos adicionales, explica Peter Wrede, técnico del Banco Mundial (BM).
Con el fin de subsanar algunas de las debilidades de diseño del seguro agropecuario, el BM está creando las bases en el país para la implementación del “seguro paramétrico agrícola” que, en lugar de evaluar la situación individual de las parcelas, estima los daños a partir de las condiciones atmosféricas generales y específicas, con el fin de proteger a todos los productores de la localidad por igual.

La intención es que este tipo de seguro sea implementado por las empresas privadas, garantizando su rentabilidad y sostenibilidad, según explicó Wrede a elDinero.
Cajo costo
Este tipo de seguro está diseñado para pequeños productores que pagan bajas primas. La empresa aseguradora se ahorra los costos de investigación de siniestros y elude el riesgo moral de que los asegurados agraven los daños para garantizar la cobertura, ya que el punto de partida para iniciar el proceso de desembolso no es la evaluación de los daños a las plantaciones.
“No se paga por el daño directo, sino por las estadísticas”, explica Wrede, al afirmar que las aseguradoras se enteran de la necesidad de cubrir daños a la producción de cierto lugar cuando se dan condiciones atmosféricas distintas a las adecuadas para que cada tipo de cultivo pueda producirse de manera eficiente. Por ejemplo, se evalúa la incidencia de viento, lluvias, sequía, huracanes, entre otros.
Como los seguros paramétricos prescinden de evaluaciones, todos los asegurados de las zonas afectadas reciben sus indemnizaciones en menor tiempo y pueden hacer frente a sus problemas más rápidamente.
“Consideramos que tiene que ser rentable para que las aseguradoras dominicanas se interesen. No les queremos proponer una forma de perder dinero”, asegura el experto. Con todo admite que para que las empresas se interesen tienen que apostar al impacto social, al desarrollo futuro del campo y los lazos establecidos con productores con capacidad de consumo.

“Hay que ver cómo el seguro puede ayudar a salir de la pobreza a esos campesinos y cómo la lealtad de esos campesinos seguirá cuando entren a la clase media y empiecen a comprar carros y otros bienes asegurados asegurables más allá del agropecuario”, agregó.
Para implementar esta iniciativa en el país, el BM cuenta con informaciones clave de parte del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (Indrhi) y de la Oficina Nacional de Meteorología (Onamet), con el fin de analizar los riesgos climáticos del campo.
Además se cuenta con un software (Global Index Insurence Facility) con información estadística sobre las condiciones atmosféricas de los últimos 30 años para determinar el riesgo de sequía, exceso de lluvia o temperaturas extremas en todo el territorio nacional.
Aplicación
Con recursos de un fondo administrado por la Corporación Financiera Internacional (IFC), el Banco Mundial ha podido implementar el seguro paramétrico agrícola en 31 países de África y Asia, con 1.3 millones de pequeños productores asegurados.
En África subsahariana los agricultores asegurados obtuvieron ingresos en un 16% superior que sus pares no asegurados, como impacto directo de la asesoría y la capacitación técnica que es parte del programa.
La IFC es la mayor institución internacional del Banco Mundial dedicada al sector privado de los mercados emergentes. Trabaja en colaboración con más de 2,000 empresas de todo el mundo. En 2015, las inversiones de largo plazo en los países en desarrollo alcanzaron los US$18,000 millones, destinados a iniciativas privadas con actividades que impactan directamente la disminución de la pobreza extrema, según la institución multilateral.
En República Dominicana, las inversiones de IFC superan los US$257 millones, con US$70.5 millones invertidos en instituciones vinculadas. A través de sus programas de asesoría para el sector privado, estimula el acceso a financiamiento, la integración público-privada, el mejoramiento del clima de inversión en el país, así como programas para aumentar la productividad de las pequeñas y medianas empresas.













